Pandemia en San José de la Mariquina: Aprendizajes de una familia recién llegada al campo

Conversamos con Juana Lizazo que vivía en Niebla y en 2019 previo al estallido social y a la pandemia decide irse a vivir al campo al sector de Cuyan a unos 10 kms. de San José de la Mariquina con su pareja y 2 de sus tres hijes, de 15 y 12 años.

“Nuestra hija menor nos planteó la necesidad de estudiar desde casa. Quería probar la modalidad de educación en casa. Teníamos hartas familias conocidas. Pero nosotros necesitábamos un espacio donde además pudiéramos trabajar. Estar en la casa educando, pero ver cómo compatibilizábamos lo que era educación con trabajo. Mi pareja y yo somos independientes. Surgió la posibilidad de venirnos al campo que es un terreno que tienen sus papas. Y probar lo que es educar en casa”.

Y en ese primer año ocurrió el estallido social y el segundo año ocurrió la pandemia y nosotros seguimos con la educación en casa. En términos académicos estuvieron súper bien. Pero los niños producto de la pandemia, los niños perdieron sus clases de música que ellos iban a valdivia, de batería y de canto, perdieron el deporte también que hacían basketball, perdieron todo lo que era la vida social. Este año el 2021 nos pidieron que querían volver al colegio y los postulamos al sistema educacional formal y como habían dado sus exámenes libres no había ningún problema con convalidar ningún curso. Están en un colegio de San José de la Mariquina. Acaban de terminar 6° básico y Primero Medio.

De todo lo extraprogramático y social. Nosotros no tenemos amistades en San José, todas nuestras relaciones laborales, familiares y sociales son respecto a Valdivia, entonces hubo una época en la pandemia que hubo un momento muy crítico donde estuvo Valdivia y San José en cuarentena simultáneamente y ahí no nos pudimos mover, ese fue el momento más crudo con respecto al aislamiento porque acá en el campo hay mucho espacio a diferencia de otras familias que se vieron reducidas a convivir en un espacio muy pequeño, nosotros tenemos mucho espacio porque es campo, campo, uno puede caminar, salir. Tiene el río cruces cerca, hay animales. Pero la contraparte a diferencia de cuando uno vive en la ciudad, es que acá la soledad es muy concreta, el aislamiento es físico, es muy tangible, no hay nadie, estamos solamente los 4, entonces por suerte nos llevamos bien, pero era necesario interactuar con otras personas, más que el tema educacional o académico.

¿Cómo te diste cuenta que estaban resintiendo esto?

Era difícil motivarlos. Hacer actividades que rompieran la rutina diaria. Ellos no tenían mayor interés cuando nosotros les prestábamos. Yo creo que si ellos hubieran llegado más pequeños, por ejemplo de primer ciclo, hubiera sido un poco más fácil, pero ya entrar a la adolescencia o en la adolescencia plena, es muy importante el círculo de pares. Eso por más que nos pusiéramos creativos no teníamos cómo, no era lo mismo. Esa parte era bien crítica.

Otro tema fue el tema de la conectividad. Nosotros tenemos un internet rural, pero que no es de muy buena calidad. Entonces todos estos juegos online no se podían jugar. También eso ayudó mucho a los niños y a los adolescentes de tener la sensación de que estaban en contacto con un par. Los adolescentes son así, se vuelven amigos jugando.

Cosas que recomendaría

Nosotros en algún momento tuvimos que recurrir a ayuda profesional, más que para los niños, para nosotros para saber cómo enfrentarlo, porque sentíamos que igual nos faltaban herramientas por lo inaudito de la situación. No teníamos ningún antecedente para saber qué hacer, qué era lo más adecuado. Y yo creo que es muy importante permitirle a los niñes y a los adolescentes, manifestar el malestar. A mi me pasó, que ya trataba que estuvieran bien y no les daba espacio para que estuvieran mal. Yo me lo tomaba como que era mi responsabilidad su bienestar. Y la vida está llena de cosas que no podemos evitarles, menos una situación tan como es esta. También hay que verlo con equilibrio, que el niño, la niña o el adolescente se quede pegado en ese estado. Hay que ayudarlos, acompañarlos. Ayudarlos a expresarse. Eso igual requiere harta paciencia. La escucha activa, cómo ayudarles a ellos a identificar qué es lo que están sintiendo. Como fortalecer el tema de los juegos de mesa, de cualquier tipo. No necesariamente juegos que tuvieran que ver con expresar emociones, sino que el solo hecho de estar sentados haciendo una actividad lúdica y recreativa que no tuviera ninguna finalidad ni productiva, ni de rendimiento. Eso fue súper bonito. Desde rompecabezas. Jugábamos Katan. Juegos que eran colaborativos, otros que eran más competitivos, los de estrategia, pero sin duda los juegos de mesa fueron un súper aliado

El campo requiere harto trabajo de mantención, un trabajo que no es productivo propiamente tal. No es sembrar la huerta, pero es despastarla o regar. Hay harto tiempo que se va. Mi pareja trabaja en turismo, así que con la pandemia quedó automáticamente durante un tiempo. Yo por suerte pude mantener varios trabajos, proyectos que estaban en carpeta desde antes de la pandemia principalmente que se volvieron online, que le buscaron una vuelta para poder mantenerlos. Y ahí nosotros con Pancho que es mi pareja, tratamos de hacer una división del trabajo, el que tiene tiempo para hacer la cosa doméstica, es el que lo hace y el que tiene que trabajar, esa es la prioridad y el otro acompaña y apoyo. Y en este caso él fue el que tuvo que quedarse más en lo doméstico, dentro y fuera de la casa, nosotros tenemos gallinas, entonces hay que alimentarlas, hay que preocuparse de hartas labores externas a la casa. Tratamos de turnarnos, para que nadie se aburra, para que nadie se sobrecarque, para que la relación esté equilibrada. Y ahora se nos han reactivado bastante las pegas a los dos y lo bueno es que los niños están grandes, entonces participan harto o se pueden quedar con su hermano mayor.

Yo también en pandemia me he vuelto más flexible, entiendo que no quiero quieran, priorizo su bienestar. Antes yo era bastante más estricta

Consultar con psico

Para nosotros fue un tremendo aporte porque es una visión externa. En este caso era una psicóloga, entonces nos ayudó mucho a nosotros a ponernos en el lugar de tratar de comprender lo que ellos estaban viviendo, que si bien era una situación que nos afectó a todos y a todas, no a todos nos impacta igual, es la edad, la situación socioeconómica.

¿Qué aprendizajes quedaron y ti si te gustaría mantener o que cosas te diste cuenta que cambiaron?

Yo puede entender que lo más importante es el bienestar. Creo que es súper obvio y uno lo sabe, pero como que yo no lo había aterrizado en lo cotidiano. Estaba súper enfocada en el rendimiento, en el producir, en el tema de la sobrevivencia y la pandemia al encerrarnos y al obligarnos a no trabajar o reducirnos, me puso muy sobre la mesa el tema del bienestar, entendido incluso como la expresión del malestar, eso también es parte del bienestar. No me atrevo a darle consejos a nadie porque las realidades son tan únicas. Mi aprendizaje fue también como soltar el control de todo. Cambiaron todas las prioridades, ya lo doméstico no era tan importante, ni tan terrible. Yo era súper dogmática con el tema de los videojuegos, resultaron ser unas tremenda herramienta ahora en pandemia. Yo era sumamente crítica con el tema y como desde la prohibición. Ahora no, me he vuelto súper flexible a entender que las cosas que pensaba de la vida hace 2 años atrás no son las mismas que pienso ahora. Hubo en mí un cambio de mentalidad muy fuerte y creo que el llamado es a soltar el control y al ser más flexibles para mí en lo personal. La capacidad de adaptación. Tenemos un sistema de vida que es muy rígido, los niños tienen que ir al colegio en tal edad y tal edad y tienen que sacarse buenas notas. Y el papá hace esto, y la mamá hace esto otro. Nuestra vida social es sumamente rígida. Suele ser que en los tiempos de cambios, los estereotipos de género son muy rígidos. El llamado es adaptarnos muy rápido porque esto no va a ser lo único que nos va a pasar, viene la sequía, vienen muchos cambios muy fuertes.

Ese cambio que nosotros hicimos de lo urbano a lo rural, la gente pensaba una cosa. Pero es lo menos bucólico pastoril. Vivimos inmersos en una cultura que nos hace crees que todo lo que sabemos, lo que aprendemos en el liceo, en el colegio, en la universidad es el único conocimiento que existe, es el válido. A mi nada de eso me ha servido en el campo, no sabemos leer el tiempo, no sabemos en qué meses hay que transplantar, no sabemos como funciona la naturaleza, los ecosistemas, no sabemos nada en realidad, lo que sabemos es estar en la ciudad, por lo que el proceso de adaptación al campo ha sido bien rudo, independiente del estallido y de la pandemia porque no tenía los conocimientos. Ha sido aprender con puro error te puede costar un año de trabajo, porque la temporada ya pasó y tienes que esperar a la siguiente temporada para volver a hacerlo. Un año para la naturaleza no es nada en realidad . Eso ha sido muy interesante, no idealizar la vida en el campo. No quisiera estar en ningún otro lugar en este momento. Me encanta, pero no ha sido fácil porque no tenía las herramientas.

¿Con todo esto han cambiado las prioridades de gastos y uso del tiempo en la familia?

Nosotros nos vinimos al campo con una mirada bien apocalíptica. Partió en abril de 2018 y se vino a concretar cuando nos vinimos en febrero de 2019 entonces pensábamos que todo eso que está ocurriendo ahora iba a ocurrir en 10 años más para prepararnos para ese momento, pero pasaron unos meses y vino el estallido, después un año y vino la pandemia, ha sido más rápido de lo que esperábamos. La prioridad está puesta en la huerta orgánica. Tenemos frutales, gallinas. Enseñarle a los niños, entregarle esas herramientas a nuestros hijos para que pueda sobrevivir en el peor de los panoramas, que ojalá no sea, pero esa sigue siendo nuestra visión hasta ahora. Tremendo aprendizaje y tremenda valoración por la gente campesina y todo su conocimiento.

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